SEGURIDAD ALIMENTARIA CON ENFOQUE DE GENERO EN AFRICA

 

Las mujeres subsaharianas como Productoras de Alimentos

 “Si las mujeres en zonas rurales tuvieran el mismo acceso a activos productivos que los hombres, la producción agropecuaria incrementaría y se podrían alimentar aproximadamente 150 millones de personas adicionales” (FAO, 2011).

En el África sub-sahariana, las mujeres aportan entre el 60 y el 80 por ciento del trabajo de producción de alimentos, sea para consumo del hogar, sea para venta.

Una encuesta basada en informes nacionales sectoriales sobre Burkina Faso, Niger, Tanzania, Zimbabwe, Etiopia, Senegal y Nigeria reveló que la incidencia femenina en la propiedad de la tierra oscila entre un 3,9 % en Nigeria a un 50% en Etiopia, mientras que el porcentaje de la superficie agrícola en propiedad de mujeres varía entre un 4% en Nigeria a un 15% en Etiopia de nuevo. (FAO, 2010 -2011)

Aun cuando existen considerables variaciones por países, en África las mujeres realizan la mayor parte de las labores de siembra, aplicación de fertilizantes y pesticidas, recolección, cosecha, trilla, procesamiento, transporte y comercialización de alimentos.

Los hombres por su parte, se hacen cargo sobre todo de la limpieza y preparación de campos y arado de tierra y participación, en mayor o menor grado, en otras labores agrícolas junto con las mujeres.

En algunos países, como Tanzania, las mujeres participan de igual manera que los hombres en la limpieza y preparación de la tierra. En muchos países, los hombres son responsables del ganado mayor y las mujeres del ganado menor, como ovejas, cabras y aves de corral. Igualmente, a menudo las mujeres se encargan de alimentar y ordeñar todo el ganado.

En cuanto a las actividades pesqueras, suelen ser los hombres quienes pescan en alta mar, mientras que las mujeres se encargan de actividades costeras como fabricación y reparación de redes, procesamiento de pescado y pesca fluvial.

En el sector forestal, las mujeres suelen ser las responsables de recogida de alimentos, forraje y leña. En algunos países, como Sudán, los hombres y las mujeres se hacen cargo de distintos tipos de árboles.

Como se ha dicho, las mujeres producen entre el 60 y el 80 por ciento de los alimentos de los países en desarrollo y la mitad de los de todo el mundo. No obstante, solo recientemente se ha empezado a reconocer su papel clave como productoras y suministradoras de alimentos y su decisiva contribución a la seguridad alimentaria del hogar.

Los estudios de la FAO confirman que la mujer, pilar de la agricultura de pequeña escala, del trabajo campesino y de la cotidiana subsistencia familiar, tiene mayores dificultades que el hombre a la hora de acceder a recursos como la tierra y el crédito y los insumos y servicios que aumentan la productividad.

El papel de las mujeres es clave en la producción agrícola y la seguridad alimentaria. A pesar de que son ellas las principales agricultoras y productoras en gran parte del mundo, su trabajo sigue sin estar formalmente reconocido.

¿Por qué debemos invertir en la agricultura con enfoque de género?  Por dos razones fundamentales: por eficiencia y equidad.

  • Eficiencia: La dimensión de género es crucial desde el punto de vista de la eficiencia económica. En el sector agrícola, las desigualdades en el control y acceso a los recursos entre hombres y mujeres generan grandes ineficiencias productivas que al ser resueltas podrían incrementar la producción de alimentos a nivel mundial. Un estudio de la FAO sugiere que, si las mujeres tuvieran el mismo acceso a recursos productivos que los hombres, la producción de sus fincas aumentaría del 20% al 30%. Esto a su vez, incrementaría la producción agrícola de los países en desarrollo en un 2.5%-4% y disminuiría el número de personas con hambre en un 12%.
  • Equidad: Las mujeres en las zonas rurales tienen menos acceso a servicios financieros, activos productivos, tecnologías y educación que los hombres (FAO). El enfoque de género nos puede ayudar a reducir la inequidad en la distribución de recursos, la cual se ve influenciada negativamente por roles sociales diferenciados entre el hombre y la mujer.

El reto del futuro será lograr la igualdad de acceso de las mujeres a los recursos para producir alimentos, así como el aumento de su poder adquisitivo para comprarlos ahí donde no se producen y, por consiguiente, contribuir a aumentar su capacidad de generar la seguridad y la soberanía alimentaria y un mundo más justo y equitativo.

 

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