La mujer en África

Aún hoy, en casi todos los países del mundo nacer mujer es nacer con una clara desventaja. Los datos generales nos cuentan que las mujeres tendemos a tener, en términos estadísticos, menos ingresos, menos educación y tenemos mayores posibilidades de sufrir agresiones, y si hablamos de agresiones sexuales la cifra se dispara.

Según los datos, en Nigeria las mujeres tan solo ocupan el 5,8% de los escaños parlamentarios, en Senegal las mujeres cobran en general un 45% menos que los hombres[1]; en Burkina Faso las mujeres van de media un año a la escuela en toda su vida. En República Democrática del Congo un promedio de 48 mujeres y niñas son violadas cada hora[2], y en Somalia la ablación femenina continúa siendo una práctica habitual.

En África existen millones de mujeres que se enfrentan a la violencia, la (in)cultura, las leyes y creencias que menosprecian su papel e importancia. Sin embargo, África es un continente grande y con muchas realidades.

Hace unos meses la senegalesa Rokhiatou Gassama, presidenta de la ONG COSEF (Conséil Sénegalais de Femmes) en Senegal, contaba en la Casa de las Mujeres de Donostia cómo las mujeres senegalesas lucharon por el derecho al voto y lo consiguieron antes que en Francia; o cómo han luchado hasta que la ley de paridad fuera una realidad convirtiéndose en un referente en África en cuanto a la participación de las mujeres en la vida política.

Según un estudio del Foro Económico Mundial hay dos países africanos que se encuentran entre los 10 primeros con mayor igualdad de género, Ruanda y Namibia, que por cierto están por delante de España que se sitúa en la 29ª posición[3].

La determinación y la fuerza de las mujeres africanas son un potente motor de desarrollo. El 60% de las pequeñas explotaciones agrícolas están gestionadas por mujeres, que son a su vez las que han llevado la sororidad a su máxima expresión a través del asociacionismo. Son 2.000 las mujeres nigerianas que le están plantando cara a Boko Haram organizadas en el movimiento Knifar. Sahlework Zewde fue elegida como la primera presidenta de Etiopía (con ella solo quince mujeres son jefas de estado actualmente).

Estamos en la Década de las Mujeres Africanas (2010-2020), el continente africano ha demostrado a nivel formal, un firme compromiso con la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. Son muchos los países africanos que han ratificado la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer y el Protocolo sobre los Derechos de la Mujer en África de la Unión Africana.

Las voces africanas resuenan en defensa de la igualdad y en pro del feminismo: Chimamanda Ngozi Adichie; Remei Sipi Mayo; Everjoice Win; NoViolet Bulawayo,… Con esto la pasividad de la mujer africana queda desmentida, porque son ellas grandes creadoras de estrategias para la supervivencia de todo su entorno que reivindican referentes, crean espacios propios y mejoran sus sociedades.

Es cierto que nacer en África siendo mujer es una desventaja pero en esta batalla, la del feminismo africano, hay un ejército compuesto por mujeres fuertes y tan diferentes como lo son sus países de origen, pero con un objetivo común: la igualdad de oportunidades y derechos.

[1] Indicadores de Desarrollo Humano, índices estadísticos 2018. PNUD http://hdr.undp.org/sites/default/files/2018_human_development_statistical_update_es.pdf

[2] https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3093289/

[3] http://www3.weforum.org/docs/WEF_GGGR_2018.pdf